Crónica – Stick Men

Stick Men

Miercoles 3 de Junio de 2015

Las calles del centro estaban pintadas de gente desgargantada que volvía de pedir a gritos #niunamenos. Mi auto, en infracción, quedaba a tutela de un buen señor de naranja que prometía cuidarlo a cambio de un 20 ahí en General Paz, casi Colón, y a un par de cuadras nomás me esperaba la experiencia de sabores sonoros que ofrecía Marcus Reuter, Patt Mastelotto y Tony Levin, un tridente de músicos gourmets que terminó saciándome el bobo como un asadazo con amigos.

Stick Men desde el Infierno

Stick Men desde el Infierno

Me senté en el teatro poniendo la vara demasiado alta sabiendo que en la banda había un Iniesta que supo hacer jugar en el pentagrama a “Messis” como Lennon, Peter Gabriel, Floyd y, principalmente, haber dado varias vueltas sínfónicas con la hermosa King Crimson. Stick Men salía a la cancha, Tony Levin se ponía el equipo al hombro y los goles los armaba con dos animalitos que te convertían un estornudo en música.
El show comienza con la gárgola de Marcus Reuter sacando un sonido gordo, amorfo y armónico a la vez, convirtiéndolo en colchón para que ingrese lentamente Patt Mastelotto a sentarse en un trono de tones y platos, con la sencilla postura de un chofer del 84 dispuesto a recorrer la bajada Pucará. Entra Levin. Listo… se pudrió todo.

Tony Levin & The Eye

Tony Levin & The Eye

Amplísimo recorrido por la discografía de la banda (por mi descubierto in situ, nobleza obliga), acompañado por ese hermoso clima claroscuro de pasajes de Crimson, Don Fripp y las locuras improvisadas que ésta gente tan poco improvisada me regaló en casi dos horas de show. Unos sacados de mierda, que encima se dan el lujo de ser accesibles al público… cosa poco común en esta urbe de rockstar de Sanavironia.
Lo disfruté sentado junto a uno de mis hermanos, mientras sonidos me llevaban a cálidas sonrisas de mi viejo y su extrañable amor por las melodías impredecibles.

Markus Reuter

Markus Reuter

El sonido se extinguió y como a mi “yo periodista” lo dejé durmiendo en casa para la cotidianeidad de la rutina, mi resto me invitó a soltarme y permitirme abrazar a los heroes de la noche, pedirles una firma y agradecerles por llenarme de música el alma.
El concierto terminó, el auti aun estaba sin rayones y con el musiquero en su lugar. Pasaron los días, el zumbido del stick no se va y ahora mastico una sanadora sensación: Existen músicos virtuosos al extremo que no solo obran en pos de un elitista lenguaje de su propia especie… sino de la música en si misma.

Pat Mastelotto

Pat Mastelotto

Juan Astrain

Mirá todas las fotos del show acá

 

Leave a comment